La enseñanza de las cuestiones contables en México en su inicio estuvo ligada a la Escuela Superior de Comercio y Administración, fundada en 1845 para hacerse cargo de la enseñanza superior mercantil. Entonces se denominaba "Tenedor de Libros" a quien llevaba los registros de una empresa, pero que para el medio mercantil e industrial de esa época era fundamental. El 5 de diciembre de 1903 se emitió el decreto que autorizó al ejecutivo a expedir la Ley para la Enseñanza Comercial en el Distrito Federal. Y el 7 de enero de 1905 apareció publicada en el Diario Oficial la "Ley de Enseñanza Comercial", donde se menciona como carrera a seguir en la Escuela Superior de Comercio y Administración, la de "Contador de Comercio".
El 25 de mayo de 1907, 💓es el nacimiento de la profesión contable en México. En este día presentó su examen don Fernando Díez Barroso, mediante el cual recibió el primer título de Contador de Comercio que se expidió en México. Más adelante, por una iniciativa del mismo Díez Barroso los planes de estudio fueron modificados y el título otorgado cambió al de Contador Público. Fernando Díez, da vida al nombre de la institución como Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), esto durante la asamblea extraordinaria del 12 de septiembre de 1955.
El
1° de mayo de 1998, 👍entra en vigor el Reglamento de Certificación y se presenta
al Comité Mexicano para la Práctica Internacional de la Contaduría (COMPIC).
Este organismo acuerda que el Instituto Mexicano de Contadores Públicos es la
única entidad profesional con su respaldo para certificar a los Contadores, en
reconocimiento a la seriedad e institucionalidad de nuestra organización.
Al término del primer periodo se habían certificado 🙌771 Contadores, encabezando la lista Roberto Resa con el certificado No. 1, ya que en su gestión se inició este proyecto. La certificación del Contador Público se enfrentaba a problemas internos porque algunos colegas no comprendían la trascendencia de ese hecho y otros disentían en virtud de que no les parecía que tuviera un costo a cubrir, sin comprender que el Instituto para subsistir, debe recuperar al menos sus erogaciones. Pero también se presentaban los problemas externos con certificaciones de otros organismos sin la profesionalidad con la que nuestro Instituto trabajaba y el reconocimiento con el que contaba.
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